La Infidelidad

Hace muchos años tenía por costumbre que, cada vez que salía temprano del trabajo y mi esposa estaba en casa, la llamaba para que lo tomara en cuenta. En broma le decía que era para no llegar de sorpresa y encontrar a “González” en casa.
En ocasiones ella mencionaba que, si “González” existiera, yo no estaría tan tranquilo. Algo de verdad había en eso. Aún así, yo solía decir que el problema no era que me fuera infiel; el problema era si me enteraba. También había algo de verdad en eso.
Sí, era una broma. Pero lo dije tantas veces que fue inevitable meditar al respecto.
Comencé a pensar que, en realidad, tenía su lado filosófico el asunto. Es decir, si me entero ¿me molesto? ¿y si resulta que es mentira? ¿y si lo viene haciendo desde hace mucho y no lo sé aún?
Si lo piensas bien, las infidelidades nos destruyen cuando nos las confiesan o las descubrimos, no cuando realmente ocurren.
Entonces, ¿qué es lo que nos lastima? Me queda claro que no es la acción la que nos hace daño, sino la percepción que tenemos sobre la infidelidad.
Como aquella persona paranoica que sufre y llora por los celos, aunque nadie la esté engañando. Y, por otro lado, está esa otra persona a la que le han sido infiel de palabra, obra y omisión, repetidamente, pero vive feliz con su pareja, porque no lo sabe.
Analizar esto me trajo una serie de dudas y confusiones que no supe manejar por largo tiempo. Pero allí estaba yo, pensando constantemente en eso, buscando una explicación.
Vamos, tampoco hay que ser un genio para concluir que el problema está en sentirnos dueños de la pareja y que lo que duele es que “alguien use lo que es tuyo”. Pero, ¿cómo se vive con eso? ¿se saca algún provecho de esta información?
No lo sé. Sin embargo, yo comencé a imaginar muy seguido si sería capaz de vivir tranquilamente sabiendo que mi esposa había estado con otros. Francamente, creo que no lo había hecho (mis razones las explicaré otro día). Pero era una posibilidad, y, de ser así, yo había sido feliz mientras sucedía. Lo que significa que, realmente, sí es posible ser feliz aunque te sean infiel.
Y ahí, seguramente, empezó todo. Porque la mente humana es una vaina seria. Una vez que empieza a elaborar argumentos, es muy difícil ponerle un alto. Y la mía me jugó muy sucio. Porque yo, que era tan machista y posesivo con mi esposa, empecé a divagar sobre el asunto y a imaginar lo que pasaría si ella estaba con otro.
No fue un proceso fácil. Algunas de estas imágenes me llevaron al llanto. Sí, así actúa el cerebro. Primero te jode, y luego… te recontra jode.
No sé cuanto tiempo pasó, hasta que comencé a planear un encuentro con ella, y un invitado sorpresa. La imaginé en todas las posiciones, con todos esos sonidos memorables que ella emite y que me han cautivado por tantos años. La imaginé libre, más ardiente, feliz, gimiendo… libre.
Cuando la excitación llegó a mí, supe lo que debía hacer…
6 años han pasado desde la primera vez que la vi. Ya perdí la cuenta de con cuántos ha estado, y no dejo de pensar que aún pueden ser muy pocos.
El miedo a la infidelidad ya es historia. Ahora lo que me aterra, es la monotonía. Tal vez la sigo sintiendo mía, pero en libertad. Mi cómplice, mi compañera, mi HOTWIFE.
*González: el que entra cuando el esposo sale*
Redaccíon nivel Dios, me encantó😍